sábado, 26 de noviembre de 2011

Declaración.


Hay dos puntos cronológicos en mi vida que eternice en mi memoria. Uno de ellos es cuando tenia 17 años. Cuando tenia 17 años decidí salir a vivirlo todo. Tuve mi primera novia, mi primera vez; fume mi primer cigarrillo, tuve mi primera borrachera, me fui por primera vez de casa. Ya ni dormía por ese voraz apetito de vivir y conocer. Estaba convencido de la necesidad de alimentar mi conocimiento con experiencias y anhelaba llegar así a alcanzar la sabiduría de quienes en aquella época eran mi guía. De mi afán solo quedó el cansancio y un poco de cosas aprendidas que me costaría el resto de mi vida desaprender. Algunas marcas me quedaron como cicatrices atenuadas por el tiempo.

El segundo punto fue a los 23 años. A pesar de todos los problemas que llevaba encima por mis locos años juveniles y gracias al infatigable apoyo de mis padres estaba terminando mi segundo año de Ingeniería Electrónica. De tanto recorrer y vivir llegué hasta allí cansado en todo aspecto, pero principalmente alejado de mi familia. Vivía entonces en una habitación arrendada en el barrio Palermo y me debatía entre las aulas de clase y la vida bohemia del barrio la Candelaria, en el centro histórico de Bogota. Recuerdo que no pude mas y que un amigo me abrio la puerta de ir a vivir a un pequeño pueblo en los llanos orientales llamado Puerto Lleras. Trabaje durante un año en un comedor comunitario de abuelos solitarios y así reencontré la paz y al ver que ningún joven de ese pueblo tenía la opción de estudiar en una universidad decidí volver a la ciudad a terminar mis estudios. Siempre sentí a Dios en mi vida pero desde entonces todo cambió, ya no solo lo sentía como una fuerza universal que daba armonía y sentido a la existencia, lo sentía ahora como un amigo cercano que me había estado cuidando sin que yo lo notará, probablemente respondiendo a la constantes oraciones de mis padres. Estoy seguro que sin El no habría sobrevivido a aquel pueblo hostil donde las armas y la guerra improvisaban la ley y decidían quién moriría mañana.

Desde esa época recuperé el camino. He disfrutado de una vida familiar llena de buenos momentos. He amado a mis padres como es debido y ahora somos muy unidos. Los amo y trato de honrarlos día a día como dicta mi fe.

Aún andando sobre el camino correcto sentía una carga sobre mi, era el recuerdo de una vida agitada llena de afanes y vivencias. Es como si, al haber construido mi casa, hubiese dejado montones de materiales y escombros intencionalmente regados por todo lado para recordar cuanto me había costado llegar a tener esa casa, a construir esta vida. Y a veces me tropezaba con mis propios recuerdos y cuando llegaba visita, al mostrarles la casa, incluia en el recorrido los escombros y los mencionaba como parte de la casa en sí. Pues bien, he marcado hace dos semanas mi tercer punto cronológico. He decidido sacar los residuos de mi casa. No me importa cuanto ladrillo y cuanta arena y cuanto hierro y cuanto erré. He tomado la decision de entregarle todos mis escombros a Dios. El ya ha hecho de mi vida este paraiso en el que habito ahora. El ya me ha dado una vida perfecta y no quiero seguir cargando los pedazos de mi vida pasada.

De modo que a partir de ahora espero ser entendido como una persona nueva.

Espero que todos mis amigos siguan visitándome y compartiendo conmigo aunque sé que hoy en día es mas aceptable declararse lo que sea a declarase cristiano.


1 comentario: