A veces me resulta tan aburrido hablar conmigo mismo. Y es que pareciera que no puedo sostener de manera simultánea todos mis puntos de vista. Sucede solo en ocasiones, cuando me cierro de manera selectiva a mis interpretaciones científicas o filosóficas o cristianas. Pero todo hace catarsis si lo escribo. Aunque no es fácil, pues sobre el papel las cosas se ponen tan honestas que rayan con la estupidez.
Por ejemplo pensaba esta tarde acerca del amor. Y sé que el amor, biológicamente hablando, no es más que un proceso cerebral que termina en respuestas fisiológicas. Y mi lógica lo resume como un capricho que, de no ser reciproco, resulta inconveniente y frustrante. Y mis creencias me dicen que sobre el amor está Dios, es su regalo.
Al escucharme solo capto una perspectiva a la vez; o ciencia, o filosofía o religión.
Pero al escribir todo explota y viene a mí el aroma de la mujer que me gusta y se generan todos esos proceso bioquímicos que atraviesan mi ser con un sentir único que anhelo repetir y que se imprime en mis recuerdos y que me mueve. Es un regalo de Dios, insisto.
Bueno no quiero ahora aburrirlos a ustedes. Así que dejémolo por ahora ahí. Ya me zafé de mi aburrimiento y se los dejo a ustedes. Me voy a dormir.
PDTA: Agradezco a quienes leen esto. Sé que aun es mediocre y solo lo hago con el ánimo de adquirir el habito e ir mejorando. Mil gracias.
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